Abelardo de la Espriella toma posesión como presidente de Colombia con un nuevo rumbo internacional
Abelardo de la Espriella ha asumido este viernes la Presidencia de Colombia en una ceremonia marcada por cambios respecto al protocolo habitual y por los primeros indicios del giro político que pretende imprimir al país. El nuevo mandatario, de 48 años, trasladó el acto de investidura desde Bogotá hasta Cali y decidió que su primer discurso como jefe del Estado tuviera lugar ante las Fuerzas Militares.
La jornada también estuvo marcada por una destacada presencia religiosa durante la ceremonia y por los mensajes del nuevo Gobierno sobre sus prioridades en materia de política exterior. Paralelamente, Estados Unidos contempla un paquete de seguridad de 1.000 millones de dólares para Colombia, mientras el Ejecutivo ha avanzado su intención de modificar la posición del país respecto al Sáhara Occidental.
Una investidura alejada del protocolo tradicional
La toma de posesión tuvo lugar en la Arena USC de la Universidad Santiago de Cali, en lugar del Capitolio Nacional de Bogotá. El cambio de escenario respondió a la intención de De la Espriella de descentralizar la acción del Gobierno y otorgar un papel protagonista a otras regiones del país.
El acto se prolongó durante unas cuatro horas y media. Parte de esa duración estuvo relacionada con la entrada de los invitados, que accedieron al recinto pasando por una alfombra roja. Entre las autoridades presentes se encontraba el rey Felipe VI de España, junto a varios mandatarios latinoamericanos.
Antes de acceder al recinto, el nuevo presidente aseguró ante los periodistas que comenzaba una nueva etapa para Colombia. Acompañado por su esposa, Ana Lucía Pineda, y sus cuatro hijos, afirmó que “Colombia se salvó” y expresó su intención de construir la denominada Patria Milagro.
Las Fuerzas Militares, protagonistas del primer discurso
Tras jurar su cargo y comprometerse a cumplir la Constitución y las leyes, De la Espriella recibió la banda presidencial de manos del presidente del Senado, Honorio Henríquez.
Sin embargo, el mandatario abandonó poco después la ceremonia para desplazarse hasta un batallón militar, donde pronunció su primer discurso oficial como presidente ante las Fuerzas Militares.
De la Espriella había expresado previamente su intención de rendir homenaje a los miembros de las Fuerzas Armadas, convirtiendo su presencia en uno de los elementos simbólicos de su llegada al poder.
Una ceremonia con un marcado componente religioso
Uno de los aspectos más llamativos de la investidura fue la incorporación de una intervención de carácter religioso, algo poco habitual en este tipo de ceremonias institucionales.
El programa incluyó un apartado denominado “acto de invocación y alabanza”, que comenzó con las luces del recinto apagadas mientras la cantante Maía interpretaba Hallelujah, de Leonard Cohen. Durante ese momento, un foco iluminó una imagen de la Virgen de Fátima.
Posteriormente intervino el rabino David Michaan, quien realizó una oración basada en pasajes del Antiguo Testamento. Durante su intervención pidió al “Eterno” que concediera al nuevo presidente sabiduría, fortaleza, humildad y valentía para afrontar su mandato.
La intervención terminó con un “Viva Colombia y viva Israel”, en referencia a uno de los países considerados aliados por el nuevo Ejecutivo en su estrategia internacional.
Colombia prepara un cambio en su política exterior
La llegada de De la Espriella también abre una nueva etapa en las relaciones internacionales de Colombia. Entre los primeros movimientos anunciados destaca el cambio de posición respecto al Sáhara Occidental, una cuestión que el nuevo Gobierno pretende abordar dentro de su nuevo enfoque diplomático.
A este giro se suma el acercamiento a Estados Unidos, que contempla destinar 1.000 millones de dólares a un paquete de seguridad para Colombia. La propuesta se sitúa entre las primeras señales de la nueva orientación internacional del país bajo la presidencia de De la Espriella.
El nuevo mandatario afronta así sus primeros días en el cargo con la intención de marcar diferencias desde el comienzo, tanto en la simbología de su toma de posesión como en la orientación de la política exterior y el papel otorgado a las Fuerzas Militares.





































