Cani Fernández o cómo regular un mercado sin molestar a Uber
Hay carreras profesionales que evolucionan. Y luego está la de Cani Fernández, que directamente dio un giro digno de estudio: de defender a Uber a arbitrar el mercado donde Uber juega. Todo muy normal, todo muy europeo, todo muy… transparente.
Antes de presidir la CNMC desde 2020, Fernández ejercía como abogada en Cuatrecasas. Y no en cualquier caso, sino en el que marcó un antes y un después en el sector del transporte: la demanda de Élite Taxi contra Uber ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. El resultado es conocido: Uber fue considerada una empresa de transporte, no una simple plataforma digital. Es decir, perdió.
Un pequeño detalle sin importancia. Seguro que no dejó huella. O sí.
De los tribunales europeos al sillón de la CNMC
Tras aquel episodio, Fernández acabó presidiendo la CNMC, el organismo encargado de velar por la competencia. Y desde entonces, la institución ha demostrado una capacidad extraordinaria: ver prácticas anticompetitivas en casi cualquier sector… excepto en el de las VTC.
Porque mientras se sancionan empresas en energía, telecomunicaciones o distribución, las grandes plataformas como Uber, Cabify o Bolt parecen moverse en un ecosistema libre de problemas. Denuncias hay. Indicios, según el sector del taxi, también. Pero sanciones… eso ya es otro tema.
De hecho, la CNMC ha llegado a archivar denuncias por posibles pactos de precios o competencia desleal entre plataformas VTC. Todo en orden. Circulen.
El cártel que no se ve
Desde asociaciones como Élite Taxi se ha denunciado la posible existencia de un “cártel algorítmico”, donde los precios no se acuerdan en una mesa, sino a través de algoritmos. Una idea inquietante, moderna y, sobre todo, incómoda.
La respuesta de la CNMC ha sido ejemplar: no investigar demasiado. Porque si algo podría poner en cuestión el relato de la “movilidad innovadora”, mejor dejarlo en manos del misterio tecnológico.
El resultado fue el archivo del caso, lo que llevó a nuevas acciones judiciales. Pero desde el regulador, tranquilidad absoluta. Si no se mira, no existe.
Catalunya: cuando denunciar sale caro
Y si la CNMC sorprende, la Autoritat Catalana de la Competència (ACCO) directamente rompe cualquier lógica narrativa.
En un giro difícil de superar, Élite Taxi acabó sancionado por competencia desleal… contra Uber. Sí, el denunciante convertido en infractor. El mundo al revés, pero con resolución administrativa.
La situación roza lo surrealista: quienes alertan de prácticas dudosas son castigados, mientras las grandes plataformas continúan operando con una tranquilidad envidiable. Una forma muy creativa de entender la competencia.
Los Uber Files y la memoria selectiva
Por si faltaba contexto, los Uber Files destaparon las estrategias agresivas de expansión de la compañía en distintos países. En ese momento, algunos recordaron que Cani Fernández había sido parte de ese entorno como abogada de Uber.
Pero lejos de generar incomodidad institucional, el tema se diluyó. Porque en España tenemos una gran capacidad para mirar hacia adelante… especialmente cuando mirar atrás resulta incómodo.
Una neutralidad impecable… en teoría
Desde la CNMC se habla de fomentar la competencia, la innovación y la eficiencia. Y sobre el papel suena impecable. El problema es cuando esa neutralidad parece inclinarse siempre hacia el mismo lado.
No hay grandes sanciones a las VTC, no hay investigaciones profundas que prosperen y, sin embargo, sí hay presión constante sobre el sector del taxi.
Pero tranquilos, todo es casualidad.
El arte de no ver
La historia de Cani Fernández es, en el fondo, una lección de coherencia… pero entendida de una forma muy particular.
De perder defendiendo a Uber en Europa a presidir el organismo que evita incomodarla en España. Un recorrido impecable para quienes creen que la regulación debe ser discreta, selectiva y, sobre todo, poco molesta para algunos.
Y así seguimos: con un mercado donde unos denuncian, otros operan y el árbitro observa… siempre desde el mismo ángulo.
Pero nada, nada, aquí no hay nada que ver.
Y por si todo esto no fuera suficiente, conviene recordar el contexto actual: mientras se debate en el Parlament de Catalunya la nueva Ley del Taxi, el espectáculo continúa. No solo con la CNMC y la ACCO marcando el terreno —como si la partida ya estuviera decidida de antemano—, sino también con ciertas asociaciones del propio sector en Barcelona que parecen no haber entendido absolutamente nada. Porque mientras Élite Taxi ha sido la única organización que ha ejercido presión real sobre los grupos políticos, la única que ha trabajado una estrategia jurídica sólida y la única que ha plantado cara donde tocaba, otras han optado por una cómoda irrelevancia o, peor aún, por hacerle el juego a las plataformas VTC. Un error de manual: dividir al sector justo cuando más cohesión se necesita.
A eso se suma el papel de Freenow, siempre dispuesta a presentarse como aliada del taxi mientras empuja, discretamente pero sin pausa, hacia un modelo que lo diluye. El resultado es un escenario casi grotesco: reguladores que no regulan, plataformas que avanzan y parte del propio sector colaborando —consciente o inconscientemente— en su propio debilitamiento. Pero nada, seguro que todo forma parte de un plan brillante que solo unos pocos alcanzan a entender.






































