Presuntas presiones internas del PP tras la denuncia de acoso contra el alcalde de Móstoles
El Partido Popular de Madrid habría presionado a una concejala para que no siguiera adelante con una acusación de acoso contra el actual alcalde de Móstoles, según a publicado el diario El País. Según su testimonio, llegó a escuchar una frase demoledora: “El amparo del partido pasa por que te quites de la cabeza cualquier tipo de denuncia”.
La edil buscó ayuda por distintas vías. Escribió a Isabel Díaz Ayuso, se reunió con su número dos, Alfonso Serrano, y también con Ana Millán. Finalmente acudió al Comité Nacional de Derechos y Garantías del partido. Al no sentirse respaldada, tomó una decisión drástica: entregó su acta, abandonó la política y se dio de baja como militante.
De la vocación de servicio a la salida forzada
Su entrada en política no respondía a una ambición personal, sino a un deseo claro de mejorar la ciudad donde había nacido y formado su familia. Con casi 40 años, una trayectoria académica sólida —doctorado, dos titulaciones universitarias y dos másteres— y su plaza como funcionaria del Estado, comenzó a colaborar activamente con el PP de Móstoles en otoño de 2022.
Aunque se había afiliado años antes, no tenía una implicación intensa hasta ese momento. Empezó como tantas personas voluntarias: yendo cada tarde a la sede del partido para ayudar en tareas organizativas sin conocer a fondo las dinámicas internas de la política.
Poco después, Manuel Bautista, entonces candidato y hoy alcalde, le propuso integrarse en su equipo electoral. Le habló de su perfil técnico, de su capacidad de trabajo y de su experiencia coordinando equipos. Ella aceptó ilusionada, convencida de que se valoraba su preparación profesional.
De la cercanía política a las insinuaciones personales
Sin embargo, según la documentación interna presentada por la concejala, pronto percibió que el interés del candidato iba más allá del plano profesional. En sus escritos denuncia acoso sexual en una primera etapa, seguido después de acoso laboral y un trato humillante.
Asegura que pidió ayuda al partido en al menos seis ocasiones mediante cartas y reuniones, pero que nunca obtuvo el respaldo que esperaba. En lugar de investigar, sostiene que desde la dirección madrileña trataron de disuadirla de acudir a la vía judicial.
En uno de los encuentros, siempre según su relato, Ana Millán —dirigente regional del partido— le trasladó que hacer pública una denuncia podría perjudicarla y que la forma de “protegerla” era no iniciar ninguna acción. La edil interpreta esas palabras como una forma de presión para guardar silencio.
Comentarios, rumores y un rechazo tajante
Cuando fue incluida en la candidatura municipal, ambos empezaron a coincidir con mayor frecuencia. Ella relata que comenzaron los mensajes ambiguos, los comentarios sobre su aspecto físico y las propuestas de carácter personal. Desde el primer momento dejó claro que solo aceptaba una relación estrictamente profesional y recordó que estaba casada y tenía hijos.
Según su versión, él insistía en que existía entre ambos una “conexión especial” y sugería buscar momentos a solas. Paralelamente, compañeros le advirtieron de que el entonces candidato hablaba de ella en términos impropios y presumía de una relación inexistente, lo que alimentó rumores que le provocaron un fuerte desgaste personal y profesional. Tras su negativa rotunda, afirma que la actitud de él cambió de forma brusca.
Del supuesto acoso sexual al aislamiento profesional
A partir de ese momento, describe lo que califica como “acoso profesional reiterado”. Habla de desprecios continuos, de la invisibilización de su trabajo y de un progresivo aislamiento dentro del grupo municipal, incluso después de haber sido elegida concejala en las elecciones de mayo de 2023.
Según su relato, se le impedía intervenir en los plenos, defender iniciativas que ella misma preparaba o asistir a actos institucionales. Varias personas del entorno municipal, algunas bajo condición de anonimato, coinciden en que se produjo un cambio radical en el trato hacia ella y describen un clima de marginación y descrédito.
La situación, siempre según la documentación aportada por la edil, culminó cuando le comunicaron que perdería sus competencias, su despacho y sus funciones. Fue entonces cuando decidió acudir formalmente al partido para pedir amparo.
La petición de ayuda a la dirección del partido
El 26 de febrero de 2024 escribió al equipo de Isabel Díaz Ayuso explicando que llevaba meses sufriendo una discriminación grave y creciente y solicitando una reunión para evitar que intervinieran otras instancias.
La presidenta no pudo recibirla por motivos de agenda, pero el caso fue derivado a Alfonso Serrano. Días después fue citada en la sede nacional del partido, donde mantuvo una reunión con Ana Millán, a la que más tarde se incorporó Serrano. Según su versión, de esos encuentros no salió una investigación interna, sino mensajes orientados a evitar que la situación trascendiera por la vía judicial o pública.



































