Trump prohíbe la entrada en EEUU a ciudadanos de doce países

La ley del más fuerte: el peligroso precedente del ataque de EEUU a Venezuela

La reciente actuación de Estados Unidos en Venezuela, culminada con la captura de Nicolás Maduro, supone mucho más que un episodio aislado de política exterior agresiva. Se trata de un precedente extremadamente peligroso que amenaza con socavar los pilares sobre los que se sostiene el orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial.

Incumplir el Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas no es un detalle menor: implica normalizar un mundo en el que las potencias actúan con impunidad, debilitando la soberanía de los Estados y empujando a la comunidad internacional hacia un escenario de caos, inestabilidad y confrontación permanente.

Un precedente que erosiona la soberanía de los Estados

Uno de los efectos más graves de este tipo de intervenciones es la erosión de la soberanía nacional. Cuando una potencia decide actuar unilateralmente sobre el territorio de otro país, se envía un mensaje claro: la independencia de los Estados es negociable si se carece de poder militar suficiente.

Este razonamiento destruye décadas de consensos internacionales y convierte la soberanía en un privilegio reservado únicamente a los más fuertes.

El riesgo real de una escalada de conflictos

La historia demuestra que las acciones unilaterales rara vez se quedan sin respuesta. La intervención de EE. UU. en Venezuela abre la puerta a represalias, contraintervenciones y nuevas tensiones regionales.

No es casual que la ONU haya advertido del riesgo de desestabilización en América Latina. Normalizar este tipo de operaciones puede desencadenar un efecto dominó con consecuencias imprevisibles para la paz y la seguridad internacionales.

El debilitamiento del sistema internacional

El orden global se sostiene sobre reglas compartidas. Si las grandes potencias deciden ignorarlas, ¿por qué deberían respetarlas los demás?

Este comportamiento mina la credibilidad del sistema internacional y favorece un escenario en el que otros actores se sientan legitimados para actuar de la misma manera, acelerando el colapso de los mecanismos multilaterales.

La impunidad de los poderosos

Otro de los efectos más corrosivos es la percepción de que las normas solo se aplican a los débiles. Cuando una superpotencia actúa sin consecuencias reales, se refuerza la idea de que el Derecho Internacional es selectivo y profundamente injusto.

Este doble rasero alimenta el resentimiento, la desconfianza y el descrédito de las instituciones internacionales.

Del diálogo a la fuerza: el camino hacia el caos

Quizá el mayor peligro de este precedente sea el abandono de la diplomacia como herramienta principal para resolver conflictos. Sustituir el diálogo político por la fuerza militar conduce inevitablemente a más violencia, más crisis humanitarias y mayor sufrimiento para la población civil.

Es un retorno alarmante a la ley del más fuerte, en la que la negociación y el Estado de derecho quedan relegados a un segundo plano.

Reacciones internacionales: advertencias ignoradas

El secretario general de la ONU, António Guterres, calificó la acción estadounidense como un “peligroso precedente” que vulnera las normas internacionales y la Carta de Naciones Unidas, instando a priorizar el diálogo.

Desde España, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, dejó claro que no se puede reconocer una actuación que viola el Derecho Internacional, aunque subrayó que ello no implica avalar al régimen venezolano.

Numerosos actores internacionales han expresado una preocupación compartida: si este tipo de acciones se normalizan, el Derecho Internacional corre el riesgo de convertirse en papel mojado.

Trump y la irresponsabilidad de la fuerza

La ofensiva impulsada por Donald Trump no solo es jurídicamente cuestionable, sino políticamente irresponsable. Lejos de aportar estabilidad o soluciones duraderas, alimenta la confrontación, debilita el multilateralismo y acerca al mundo a un escenario más peligroso.

La paz y la legalidad internacional no se defienden con misiles ni operaciones unilaterales, sino con diplomacia, cooperación y respeto a las normas comunes. Ignorar esta realidad es abrir la puerta a un futuro donde la fuerza sustituya definitivamente al derecho.