Las varices son venas dilatadas y tortuosas que aparecen cuando el retorno de la sangre hacia el corazón pierde eficacia, generalmente porque las válvulas venosas no cierran correctamente. Aunque en ocasiones se perciben únicamente como una alteración estética, también pueden acompañarse de pesadez, cansancio, picor, hinchazón, calambres o dolor, especialmente después de permanecer mucho tiempo sentado o de pie.
Su presencia es especialmente frecuente en las piernas, donde la sangre debe avanzar en sentido ascendente contra la gravedad. La evolución varía considerablemente entre personas: algunas presentan pequeñas arañas vasculares durante años, mientras que otras desarrollan venas prominentes o signos de insuficiencia venosa. Por ese motivo, una valoración médica individual permite determinar el origen del problema y seleccionar el tratamiento más adecuado en cada caso.
Por qué aparecen las varices y quién puede desarrollarlas
Las venas de las piernas cuentan con válvulas que favorecen que la sangre circule hacia arriba y evitan que retroceda. Cuando estas estructuras se debilitan o dejan de cerrarse correctamente, parte de la sangre vuelve hacia las zonas inferiores, aumenta la presión dentro de la vena y provoca que esta se ensanche progresivamente. Este fenómeno se conoce como reflujo venoso.
Para conocer las posibilidades de valoración y los distintos tratamientos para varices se puede ver más información específica en Dermitek, clínica situada en Bilbao que aborda tanto varices gruesas como arañas vasculares. El centro señala que estudia el origen del problema mediante ecografía Doppler antes de establecer el procedimiento indicado para cada paciente.
La edad influye, pero las varices no aparecen únicamente en personas mayores. Pueden manifestarse durante la edad adulta e incluso antes cuando existe una predisposición familiar importante. Con los años aumenta la probabilidad de desarrollarlas porque las válvulas venosas sufren un desgaste progresivo. También intervienen factores como los antecedentes familiares, el exceso de peso, el embarazo y determinadas circunstancias hormonales.
¿Son más frecuentes en mujeres?
Las mujeres presentan una mayor predisposición a desarrollar varices. Entre los motivos se encuentran los cambios hormonales relacionados con diferentes etapas de la vida y el embarazo, durante el cual aumenta el volumen sanguíneo y pueden dilatarse las venas de las piernas. Los tratamientos hormonales también pueden influir en el riesgo, aunque la aparición de varices depende de la combinación de varios factores.
Los hombres tampoco están exentos de desarrollarlas. La herencia familiar, el envejecimiento, el sobrepeso o determinados hábitos y condiciones laborales pueden favorecer la insuficiencia venosa independientemente del sexo. Por ello, la presencia de una vena muy dilatada, molestias persistentes, inflamación o cambios en la piel merece una valoración profesional, especialmente cuando los síntomas evolucionan con el tiempo.
Dónde aparecen las varices y qué tipos existen
Las varices se observan principalmente en las extremidades inferiores, sobre todo en pantorrillas, muslos y zonas próximas a las rodillas. Su aspecto puede ser muy diferente. Algunas son prácticamente superficiales y forman líneas rojizas o azuladas, mientras que otras tienen un mayor diámetro, sobresalen claramente bajo la piel y adquieren un recorrido sinuoso.
Las conocidas como arañas vasculares o telangiectasias son pequeños vasos visibles situados cerca de la superficie de la piel. También existen venas reticulares, algo mayores y habitualmente azuladas o verdosas. Cuando la dilatación afecta a venas de mayor calibre aparecen las varices propiamente dichas, que pueden formar cordones o abultamientos fácilmente apreciables.
No todas responden, además, al mismo origen. En determinados pacientes existe insuficiencia en venas superficiales importantes, como las safenas, mientras que en otros predominan pequeñas venas superficiales sin afectación significativa de esas estructuras. Esta diferencia explica por qué el mismo procedimiento no resulta apropiado para todas las varices y por qué la exploración previa tiene un papel fundamental.
Grados de insuficiencia venosa y evolución de las varices
En medicina se utiliza habitualmente la clasificación CEAP para describir las manifestaciones de la enfermedad venosa crónica. No debe interpretarse como una evolución obligatoria por la que pasen todos los pacientes, sino como un sistema que permite ordenar los signos clínicos que presenta cada persona y facilitar una valoración homogénea.
De forma simplificada, la clasificación clínica va desde C0 hasta C6. C0 corresponde a la ausencia de signos visibles; C1 incluye telangiectasias y venas reticulares; C2 identifica las varices; C3 incorpora la aparición de edema; C4 engloba alteraciones de la piel y el tejido subcutáneo; C5 indica la existencia de una úlcera venosa cicatrizada, y C6 corresponde a una úlcera activa.
Esta clasificación ayuda a comprender por qué conviene diferenciar una pequeña alteración vascular superficial de una insuficiencia venosa más avanzada. El aspecto de las piernas por sí solo no siempre permite establecer el origen y la extensión del problema. Cuando es necesario estudiar el reflujo venoso, la ecografía dúplex o Doppler constituye una herramienta diagnóstica fundamental para valorar el funcionamiento de las venas.
Qué soluciones existen para tratar las varices
Las medidas conservadoras pueden contribuir a controlar determinadas molestias. Mantener actividad física regular, elevar las piernas cuando sea necesario o utilizar medias de compresión bajo indicación profesional favorece el retorno venoso y puede reducir síntomas. Sin embargo, cuando existe una vena enferma que requiere tratamiento, pueden plantearse procedimientos específicos para cerrarla o eliminarla de la circulación superficial.
Escleroterapia para venas superficiales
La escleroterapia consiste en introducir mediante una aguja fina una sustancia líquida o en forma de espuma dentro de la vena seleccionada. El objetivo es provocar su cierre para que deje de recibir sangre y el organismo la vaya reabsorbiendo. Puede emplearse en determinados tipos de venas superficiales y, dependiendo de la extensión, una misma zona puede necesitar más de una sesión.
Láser vascular para arañas vasculares
El láser transdérmico aplica energía desde el exterior sobre pequeños vasos visibles, que absorben esa energía y terminan cerrándose. Dermitek indica que para sus tratamientos de arañas vasculares combina, según el caso, láser vascular, escleroterapia o ambas técnicas. En este tipo de tratamiento señala sesiones habitualmente comprendidas entre 30 y 90 minutos y un programa orientativo de tres a cinco sesiones.
Láser endovenoso para varices de mayor calibre
Cuando el problema afecta a venas de mayor tamaño puede recurrirse a técnicas endovenosas. El láser endovenoso introduce una fibra muy fina en la vena que debe tratarse y aplica energía para sellarla, mientras el procedimiento se controla mediante ecografía. El tratamiento se realiza con anestesia local y permite evitar en determinados casos procedimientos quirúrgicos más invasivos.
En Dermitek se indica para su procedimiento de láser endovenoso una duración aproximada de entre 60 y 120 minutos y, en los casos adecuados, una única sesión. En cambio, las arañas vasculares suelen requerir varias visitas. Estas cifras son orientativas y no deben trasladarse automáticamente a cualquier paciente, ya que el número de sesiones depende del tipo, cantidad, tamaño y distribución de las venas.
¿Los tratamientos para las varices son indoloros?
Los procedimientos actuales están orientados a reducir las molestias, pero no resulta preciso afirmar que todos sean completamente indoloros. La escleroterapia implica pequeñas punciones y el láser transdérmico puede producir sensaciones molestas durante su aplicación. En los tratamientos de varices de mayor tamaño puede utilizarse anestesia local para mejorar el confort del paciente durante la intervención.
La tolerancia varía según la técnica utilizada, la extensión de la zona y la sensibilidad individual. Por eso, además de preguntar cuántas sesiones podrían ser necesarias, conviene conocer de antemano cómo se realiza el procedimiento, qué anestesia requiere, cuáles son los cuidados posteriores y cuándo es posible recuperar la actividad cotidiana.
Elegir una clínica adaptada a cada paciente
La elección del centro debe comenzar por una valoración médica que permita saber qué tipo de varices existen y cuál es su origen. Disponer de profesionales con experiencia en patología venosa y de medios diagnósticos como la ecografía Doppler facilita que el tratamiento responda a las necesidades reales del paciente, en lugar de decidirse exclusivamente por el aspecto externo de las venas.
También resulta práctico valorar la ubicación, especialmente cuando el procedimiento necesita varias sesiones o revisiones posteriores. Contar con una clínica cercana y bien comunicada puede facilitar tanto el tratamiento como el seguimiento médico. En Bilbao, Dermitek se encuentra en las Torres Isozaki, en el paseo de Uribitarte, y dispone de tratamientos diferenciados para varices gruesas y arañas vasculares.
Ante molestias persistentes, hinchazón, alteraciones cutáneas o venas cada vez más prominentes, una exploración permite conocer con mayor precisión el estado del sistema venoso. La combinación entre diagnóstico, técnica apropiada y seguimiento resulta especialmente relevante porque las varices presentan características muy diferentes de una persona a otra, incluso cuando a simple vista parecen similares.




































