Felipe González: aferrado al PSOE mientras destroza su propia credibilidad
El expresidente Felipe González, «El Traidor«, ha demostrado una vez más que su relación con el PSOE es más de posesión que de compromiso político. En un desayuno informativo en el Ateneo de Madrid, anunció que no votará a Pedro Sánchez y que optará por el voto en blanco, pero que, al mismo tiempo, no tiene intención de abandonar el partido que ha contribuido a debilitar durante décadas. Su frase de que “si alguien tiene que dejar el PSOE, que lo deje quien lo destroza” suena menos a defensa del partido y más a una justificación de su propia permanencia inútil y desconectada.

Felipe González, la CIA y el GAL
Un expresidente desconectado de la realidad
González critica a Sánchez, al PSOE y al PP por la falta de autocrítica, mientras él mismo se muestra incapaz de reconocer que su legado contribuyó a fragmentar la izquierda española y a preparar el terreno para que la derecha y la extrema derecha recuperaran fuerza. Su preocupación por la “abrumadora victoria de la derecha” resulta hipócrita cuando él mismo ha sido parte de un sistema que ha permitido la erosión del PSOE y de sus principios.
Compararse constantemente con Zapatero, Aznar o con su propio mandato revela que González está más interesado en preservar su propia memoria histórica que en asumir responsabilidades actuales. Su papel, durante años, ha sido el de un líder que ahora critica sin asumir consecuencias, dejando que la izquierda se encuentre fragmentada y sin liderazgo claro.

La metamorfosis de Felipe González
Crítica radical: Felipe González debería haber dejado la política hace tiempo
Lo más llamativo es que, mientras se niega a pactar con Vox o EH Bildu, su discurso carece de coherencia política: desprecia al líder del PSOE actual, dice que nadie le representa, pero él permanece en un partido que él mismo ha contribuido a debilitar. Para muchos analistas y votantes progresistas, Felipe González hace tiempo que tendría que haberse retirado, porque su permanencia genera más confusión y división que soluciones.
Su insistencia en permanecer dentro del PSOE mientras desprecia a su líder actual evidencia que su verdadera lealtad no está con el partido ni con los ciudadanos, sino con su ego y su legado personal. En resumen, un expresidente que critica desde la comodidad de la irrelevancia, sin asumir la mínima responsabilidad de los problemas que ahora denuncia.





































