Una economía digital responsable es posible

Una economía digital responsable es posible

Hace aproximadamente un año comenzaba el Estado de Alarma en todo el Estado Español y los confinamientos relegaban a la ciudadanía a un escenario completamente inédito, más propio de una serie de Netflix que de un problema sanitario. Desde entonces, una suerte de nuevas costumbres ha ido calando como lluvia fina en nuestra mentalidad. Entre ellas está la economía digital, que vive una expansión sin precedentes.

El problema de manejar dinero físico, virus mediante, ha acelerado la adopción de formas de pago digitales más allá de la tradicional tarjeta de crédito. Hoy en día, es habitual encontrar facilidades de pago electrónico en comercios por internet, agencias de viajes, plataformas de contenido o incluso realizar transacciones seguras mediante Paypal en casinos online.

Pero no sólo Paypal y las plataformas de pago electrónico están viviendo un boom gracias a la situación sanitaria, el auge de criptomonedas como Bitcoin y el ecosistema de finanzas descentralizadas hacen que cada vez más personas entren en sistemas paralelos que, muchas veces, suponen un quebradero de cabeza para la Hacienda pública o los Bancos Centrales.

Con la economía digital, la “uberización” del empleo se ha acelerado, provocando que muchas empresas puedan conseguir reducir al mínimo su balanza de pagos y aumentar de forma ingente sus beneficios, provocando así, una precarización del empleo como nunca antes habíamos visto.

Sin embargo, ¿hay alternativa a esta situación? ¿Se puede crear una economía basada en el comercio electrónico que no precarice laboralmente y a la vez, permita un sistema económico más responsable?

Desde instituciones como el Laboratorio de Apoyo a la Creación de Empleo y Empresas de Economía Social, (LACES), dependiente del Fondo Europeo de Desarrollo Regional, creen que el pequeño comercio, los autónomos, las empresas cooperativas y economía social en general, deberían aprovechar las ventajas de la economía digital para poder crecer, contribuyendo así, a un desarrollo económico y social sustentable.

La posibilidad de que un pequeño comercio o un autónomo pueda vender a todo el mundo o asociarse con otros de su misma condición con el fin de plantear una alternativa a los gigantes de la economía “uberizada”, ofreciendo los mismos servicios que ésta pero de una forma ética, permitiendo el desarrollo del pequeño comercio con unas condiciones laborales dignas para los trabajadores y contribuyendo con sus impuestos al sostenimiento del estado del bienestar.

La pelota está ahora en el tejado de las pymes, autónomos y cooperativas, que deberían convertir la economía digital en un arma para poder competir contra las grandes empresas y luchar por un mundo más justo.

Una economía digital responsable es posible