Netanyahu desafía a la ONU mientras crece el rechazo internacional a Israel por la guerra de Gaza
Benjamin Netanyahu volvió a convertir la Asamblea General de Naciones Unidas en el escenario para defender la actuación de Israel y responder a las crecientes críticas internacionales por la guerra de Gaza. El primer ministro israelí rechazó frontalmente las acusaciones de genocidio y presentó las operaciones militares de su Gobierno como una actuación necesaria para garantizar la seguridad de Israel.
Sin embargo, su intervención estuvo marcada por una imagen difícil de ignorar: decenas de representantes abandonaron la sala cuando Netanyahu tomó la palabra, dejando numerosas butacas vacías durante buena parte del discurso.
Una Asamblea General marcada por el boicot
El comienzo del discurso estuvo acompañado de abucheos y de la salida de representantes diplomáticos de distintos países. La protesta había sido planteada previamente por la Misión Palestina ante Naciones Unidas como una forma de expresar rechazo a la política israelí en Gaza.
Netanyahu respondió calificando de «cobardes morales» a quienes abandonaron el recinto e incluso invitó a marcharse a otros representantes que todavía permanecían en sus asientos.
La escena dejó una Asamblea parcialmente vacía mientras el primer ministro israelí defendía ante el resto de los asistentes las decisiones adoptadas por su Gobierno.
Netanyahu vuelve a negar las acusaciones de genocidio
Uno de los principales objetivos del discurso fue combatir las acusaciones de genocidio relacionadas con la ofensiva israelí en Gaza.
Netanyahu aseguró que esas acusaciones son falsas y las calificó como «la mayor mentira del siglo». Israel rechaza las acusaciones de genocidio y sostiene que sus operaciones están dirigidas contra Hamás y responden al ataque del 7 de octubre de 2023.
Pero la contundencia del primer ministro israelí no ha conseguido cerrar el debate internacional. Al contrario, la guerra y sus consecuencias sobre la población palestina han provocado una creciente presión diplomática y jurídica sobre Israel.
La cuestión de si determinadas actuaciones pueden constituir genocidio o crímenes de guerra corresponde a los mecanismos judiciales internacionales competentes y no puede resolverse simplemente mediante las declaraciones políticas de Netanyahu.
Una defensa de la guerra frente a las críticas internacionales
El discurso volvió a presentar las operaciones israelíes como una cuestión de supervivencia nacional. Netanyahu recordó el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 y reivindicó el derecho de Israel a defenderse.
La utilización de ese argumento se ha convertido en uno de los ejes centrales de la defensa política del Gobierno israelí. Sus críticos, sin embargo, cuestionan que el derecho a la defensa pueda justificar las consecuencias sufridas por la población civil palestina durante la posterior ofensiva.
En este contexto, la enorme diferencia entre el discurso oficial israelí y las denuncias internacionales sobre Gaza continúa siendo uno de los principales puntos de conflicto.
También defendió los ataques contra Irán
Netanyahu aprovechó además su intervención para reivindicar las operaciones militares israelíes contra Irán. Llegó a describir el ataque contra las instalaciones nucleares iraníes como «una de las decisiones más fáciles» que había tenido que adoptar.
El primer ministro sostuvo que Israel no solo estaba actuando para protegerse a sí mismo, sino también para defender a otros países frente a las amenazas procedentes de Irán.
De esta manera, su intervención presentó las distintas campañas militares israelíes como partes de una misma estrategia de seguridad regional.
Una retórica cada vez más enfrentada con sus críticos
Uno de los aspectos más llamativos del discurso fue el tono empleado por Netanyahu contra quienes cuestionan las políticas de su Gobierno.
Además de cargar contra los representantes que abandonaron la sala, el primer ministro volvió a denunciar lo que considera una campaña internacional de desinformación contra Israel. Esta estrategia discursiva sitúa buena parte del debate en el enfrentamiento entre Israel y sus críticos, mientras las consecuencias humanitarias de la guerra siguen ocupando el centro de la controversia.
La respuesta de Netanyahu ante las críticas no fue un reconocimiento de la gravedad de la situación humanitaria, sino una defensa cerrada de las decisiones de su Gobierno, acompañada de ataques verbales contra quienes las cuestionan.
Mahmud Abás reclama una respuesta internacional
Antes de la intervención de Netanyahu, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás, había reclamado una mayor actuación de la comunidad internacional frente a la situación de los palestinos.
Abás defendió que los palestinos no abandonarán su territorio y rechazó cualquier desplazamiento forzoso de la población. También cuestionó que determinados países continúen proporcionando apoyo a Israel mientras la población palestina afronta las consecuencias de la guerra.
Una intervención que refleja el creciente aislamiento de Israel
La imagen de Netanyahu hablando ante una sala con numerosos asientos vacíos se ha convertido en uno de los símbolos de una relación cada vez más conflictiva entre el Gobierno israelí y una parte de la comunidad internacional.
El primer ministro mantiene que Israel está actuando en legítima defensa y rechaza las acusaciones de genocidio y crímenes de guerra. Al mismo tiempo, la presión internacional sobre su Gobierno continúa aumentando debido al coste humano de la guerra en Gaza.
La intervención ante Naciones Unidas no sirvió, por tanto, para cerrar la controversia. Al contrario, volvió a mostrar la profunda fractura existente sobre la actuación de Israel en Gaza y sobre las responsabilidades que puedan derivarse de ella.
Una defensa política ante una creciente contestación
Netanyahu acudió a Naciones Unidas dispuesto a defender su política y a responder a sus detractores. Lo hizo con un discurso de confrontación en el que rechazó las acusaciones más graves contra Israel y reivindicó sus operaciones militares.
Pero mientras el primer ministro insistía en presentar las críticas como una campaña contra Israel, las delegaciones que abandonaron la sala ofrecieron una imagen contundente del rechazo político que genera actualmente su Gobierno en numerosos sectores de la comunidad internacional.
El resultado fue una intervención marcada menos por el acercamiento entre posiciones que por la profunda distancia existente entre Israel y buena parte de sus críticos sobre la guerra de Gaza.





































