Riesgo de estanflación

Riesgo de estanflación

Según el INE la inflación se habría desbocado con una tasa interanual en octubre del 5,5% debido a la subida estratosférica de la luz, gas, carburantes, commodities y alimentos no elaborados y es previsible que coquetee con el 4% a finales del 2021.

Ello conllevará la pérdida de poder adquisitivo de trabajadores y funcionarios, la contracción del consumo interno así como la desincentivación del ahorro y búsqueda de rentas fuera de las actividades productivas. Asimismo,podría provocar en un futuro mediato una desertización productiva que fuera incapaz de satisfacer la demanda de productos básicos y la posterior estanflación.

Dicho término supone la combinación de una inflación desbocada y un escenario de recesión económica (una economía entra en recesión técnica después de dos trimestres de caídas consecutivas del PIB nacional según el FMI) y es un término acuñado en 1965 por el entonces ministro de Finanzas británico, Ian McLeod que utilizó la palabra “stagflation” en un discurso ante el parlamento Británico.

Se trata de una de las más peligrosas combinaciones para la economía ya que ambos elementos distorsionan el mercado y la terapia de choque para combatir el estancamiento económico tiene como efecto secundario el incremento de la inflación.

Así, para incentivar el consumo y salir de la recesión se requieren terapias basadas en la expansión fiscal y monetaria, medidas que a su vez generan más inflación lo que al final deviene en un círculo explosivo pues conlleva incrementos del precio del dinero por parte de los Bancos Centrales que provocarán la asfixia económica de incontables países con una Deuda Pública estratosférica como en el caso de España que rozará el 120 % del PIB en el 2021.

Si a ello le aunamos que el BCE ya advirtió en su día del riesgo que corre la Eurozona de sufrir los efectos de la histéresis, concepto que en economía hace referencia a la imposibilidad del mercado laboral de recuperar su comportamiento natural después de un shock, tendremos la tormenta perfecta que podría reeditar la Década perdida de la economía japonesa.

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