La adjudicación del Mundial de Qatar salpica a Francia por posibles contratos

Qatargate: la sospechosa adjudicación del Mundial de Qatar salpica el corazón del estado francés

Dentro de la causa que instruye la Justicia francesa hay sospechas de cohecho, de tráfico de influencias, pero sobre todo indicios de que el entonces jefe del estado francés –Nicolas Sarkozy– hizo de intermediario más que interesado en la adjudicación del Mundial de Qatar 2022. Esta posible implicación del presidente de la República francesa en 2010 es lo que diferencia esta causa de las que se instruyen en paralelo en Estados Unidos y Suiza.

Es el Qatargate, o el conjunto de maniobras más o menos oscuras para que el país candidato peor evaluado acabara adjudicando el Mundial del 2022. Destapadas por medios franceses como France Football, France Télévisions o Le Monde.

Lo que interesa a los magistrados instructores es sobre todo a cambio de que Qatar se llevaba el Mundial. «Les interesa saber qué rol juega Nicolas Sarkozy, para favorecer sobre todo –para acelerar finalmente– la venta del París Saint Germain en Qatar», explica Rémy Dupré, periodista de investigación en Le Monde. Él reconstruye el caso a partir de los documentos judiciales.

El almuerzo del Elíseo

La jornada clave: el 13 de noviembre de 2010. En el palacio presidencial del Elíseo, el presidente francés organiza una comida. Invitado de honor, Tamim al-Thani, entonces heredero de Qatar, hoy el soberano. Y alguien que no sabe con quién va a comer: Michel Platini, gloria del fútbol francés reconvertido en influyente presidente de la UEFA. Faltan pocos días para que el comité ejecutivo del fútbol mundial decide al país organizador de la Copa del Mundo.

«Sabemos que inicialmente, Platini era favorable a la candidatura de Estados Unidos y que cambia de opinión», explica Dupré. «¿Cuándo? Él mismo no lo sabe decir».

Aparte de los jueces franceses, los suizos también le han hecho la misma pregunta. Sobre todo por saber por qué Platini recibió dos millones de euros del entonces presidente de la FIFA, Joseph Blatter. Lo que no ha podido probarse aún es que se tratara de una comisión indirecta de Qatar para hacer cambiar de parecer al comité ejecutivo del fútbol mundial sobre quien debía acoger el mayor acontecimiento del fútbol mundial. A la Justicia francesa también le interesan los vínculos empresariales posteriores del hijo de Platini con el fondo Qatar Sports Investments.

La «pieza» Sarkozy

Pero sobre todo profundiza en todo lo que gira en torno a un nombre: el de los entonces presidente francés Nicolas Sarkozy.

El actual instructor del caso es el juez que ya investigó desde el 2014 una de las causas por las que el expresidente ha sido condenado por la justicia francesa, el caso Bigmalion; el de los oscuros mecanismos de financiación de la campaña presidencial del 2012. Ahora, la sospecha es que Qatar pagó una parte, como parte del pacto que se habría cerrado en el almuerzo del Elíseo. Una contrapartida para conseguir un cambio de opinión en la UEFA y en la FIFA. Una de ellas, porque habría otras.

La cadena hotelera francesa Accor, presidida por un hombre cercano a Sarkozy, obtendría contratos millonarios ligados al desarrollo de la copa del mundo en Qatar. Estaban en juego los derechos de imagen de los partidos de fútbol francés que acabará gestionando en parte desde 2012 a 2016 BeinSports, cadena televisiva de propiedad qatarí.

Pero también había toda una carpeta que iba directa al corazón del estado francés. «Las notas previas del gabinete presidencial», explica Dupré, «muestran que existía un interés comercial directo del estado francés, que insistía en sacar a la reunión la cuestión de la compra de aviones de combates Rafale, de fabricación francesa».

En 2012, en un viaje a Qatar, François Hollande, sucesor de Sarkozy, firmará la compraventa de los Rafale. Dupré sentencia: «No cabía duda de que Qatar se llevaría el Mundial. Había activado todas las palancas posibles: la económica, la comercial, la diplomática, la militar. Más allá de las sospechas de corrupción».

El PSG: la guinda del pastel

La joya del pacto, el París Saint-Germain: club de fútbol de la capital francesa sin un palmarés que hiciera vibrar a la afición y con un enorme agujero económico. Pero el equipo favorito del presidente francés.

Si Qatar no quería hacerse cargo, a través de su fondo de inversión deportivo, difícilmente habría mundial. Dupré tiene detalles. «Los qatarí estaban dispuestos a gastar entre 25 y 30 millones de euros. Pero al final se llega a los 64 y a los 70 millones de euros. Queda claro que ha habido un empujón al tema vinculado probablemente al apoyo francés al atribución del Mundial en Qatar». Todo el mundo presente en el desayuno habría salido ganando.

Tras doce años de Qatargate, y seis de instrucción judicial, no hay ningún imputado en Francia. Solo tres testigos asistidos por un abogado. Tampoco se espera que el sumario se cierre en los próximos meses.

Pero a las puertas del Mundial, recordar el caso judicial incomoda al corazón del estado francés. Incomoda al actual presidente de la República, Emmanuel Macron. Como le incomoda que se le pregunte por qué Qatar organiza el Mundial siendo uno de los países que más contamina al mundo y que menos respeta los derechos humanos.

Su respuesta es que «todas estas cuestiones debían abordarse cuando se atribuyó el evento y no ahora». Y termina diciendo que ahora es el tiempo del deporte. No el de la política o la justicia.